Esther Calvete nos habla de los pensamientos automáticos y del papel que estos tienen en nuestro estado de ánimo.

Los pensamientos automáticos, también llamados diálogo interno, son las conversaciones que mantenemos con nosotros mismos. Lo que nos decimos y cómo nos lo decimos.

Ser críticos en cuanto a nuestro comportamiento, nuestros valores y nuestra forma de pensar es productivo y nos permite mejorar. Pero cuando esto se convierte en automático, recurrente y cíclico, es perjudicial.

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Graffiti de Bansky

 

Para salir de un bucle de pensamientos negativos en el que nos vemos inmersos, hay diversas técnicas. Como por ejemplo ser conscientes del tiempo que empleamos en estos pensamientos tomándonos nota, meditar y crear anclajes físicos o verbales.

Un anclaje es un estímulo, como un movimiento o una palabra que nos corte y frene el hilo de nuestros pensamientos. ¡Zanahoria!

Sin duda, zanahoria es la mejor palabra para esto ¿vedad?, porque, ¿quién puede seguir echándose culpas encima o recriminándose algo después de exclamar en voz alta: ¡zanahoria! ? Yo os lo diré: Nadie! De hecho, os reto, haced la prueba ¡es imposible!

 

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Ilustración de Peter Brown para “Zanahorias Maléficas”

La mente y el cuerpo reaccionan frente a lo que nos decimos: los pensamientos producen sentimientos, los sentimientos emociones, las emociones acciones, y las acciones reacciones.

Así que, tratarnos bien, darnos margen y decirnos cosas bonitas nos ayuda a mantener una buena relación con la persona con la que más tiempo pasamos: nosotros mismos.

Mi consejo: ¡Practica! y siéntete libre de escoger cualquier otro vegetal. ; )