Este 16 de abril se conmemora el Día Mundial Contra la Esclavitud Infantil, una fecha en la que se recuerda el asesinato de Iqbal Masih, un niño que, con tan solo 4 años, fue vendido por su padre en India para salda una deuda de 600 rupias, para trabajar en una factoría en régimen de semi esclavitud. Iqbal pudo escapar de la fábrica a los 10 años y se convirtió, pese a su juventud, en un activista contra la explotación laboral infantil, hasta que el 16 de abril de 1995 fue asesinado, mientras montaba en bicicleta.

Lo que ahora es un recuerdo para la reflexión constituye un exponente más de la situación que viven muchos niños y niñas en todo el mundo, que se ven a merced de los intereses de rentabilidad de grandes y pequeñas empresas.

En muchos países los niños no van al colegio por llevar ingresos a casa

Es solo una cara del maltrato y la explotación infantil y el máximo exponente del daño que puede causar el capitalismo en la infancia, pero el problema se repite, a mayor o menos escala, en todos los rincones del mundo donde no se puede escapar a la influencia de las grandes corporaciones y empresas, que en muy pocas ocasiones miden el impacto de su trabajo en la calidad de vida de los más pequeños.

Con la intención de abrir un debate y un espacio de reflexión y dar a las empresas una herramienta para que puedan tener consciencia de su impacto en la infancia, UNICEF y el Global Child Forum presentaron el pasado día 11 de abril su ‘Atlas de Derechos de la Infancia y Empresas 2018’ en el marco del 10º Global Child Forum celebrado en Estocolmo (Suecia).

Hay muchos países donde niños y niñas trabajan desde la más tierna infancia

Se trata de una herramienta digital que permite a las empresas identificar los posibles impactos –y explorar las oportunidades- que sus prácticas y políticas tienen en las vidas de los niños y niñas de todo el mundo.

Los niños interactúan a diario con el sector privado como parientes de trabajadores, empleados, consumidores y miembros de la comunidad afectados por las operaciones y las cadenas de abastecimiento. Esta herramienta online quiere contribuir a transformar esta interacción y ayudar a las empresas, los inversores y la organización industrial a entender cómo sus acciones afectan a los derechos de los niños a nivel mundial.

En muchos lugares los más pequeños se convierten en un reclamo turístico desde bien pequeños

Permite a las empresas ir más allá del riesgo más conocido –trabajo infantil- porque cubre temas más amplios, como los sueldos, las horas de trabajo, los productos, el impacto medioambiental, la seguridad y las políticas de protección online.

El Atlas es una plataforma interactiva que ofrece índices, mapas globales interactivos, datos y análisis de países, y enfoques de industria para permitir a las empresas comprender mejor su impacto en el lugar de trabajo, el mercado, la comunidad y el medio ambiente.

España, en cuarto lugar

El Atlas de UNICEF y el Global Child Forum abarca un total de 50 países y analiza el comportamiento de sus industrias y las condiciones en las que viven los menores en cada territorio. Tras un primer análisis, la República Centroafriana es la que peor puntuación obtiene, mientras que España se sitúa en el puesto número 4 del ranking, solo por detrás de Francia, Croacia y Chile.

También como consumidores los niños y niñas son víctimas de las grandes multinacionales

En cuanto a los sectores económicos más peligrosos para los niños y niñas, el Atlas destaca cuatro que potencialmente presentan más amenazas para los menores. El principal es el de la producción de ropa y calzado, que puede afectar a 250 millones de niños y niñas en todo el mundo, ya sea como trabajadores o como consumidores.

Además del sector textil, el Atlas se centra en las tecnologías de la información y la comunicación, la industria extractiva y el sector alimentario. En esta último aspecto, además de la explotación laboral o los abusos que sufren millones de menores en todo el mundo, se analiza también a los niños y niñas como consumidores expuestos a campañas de publicidad que promueven el consumo de productos perjudiciales para la salud, con demasiada azúcar o calorías.