Esta semana ha sido el cumple de mi hijo Marc. El mismo día por la mañana llegó por correo uno de sus regalos: Tu vida en un libro. A Marc le gusta leer, así que enseguida se puso a ojearlo.

-¿Qué te parece?

-Miedito me da! Esta tipa sabe mucho!

La tipa en cuestión es la escritora y periodista ibicenca Rebecca Beltrán, que con éste, acaba de sacar su cuarto libro. El primero, sin embargo, dirigido al público juvenil. Si acabas de cumplir 12 (léase también 10, 11, 13 o 14) os digo ya que es el regalo ideal para pedir en Navidades: fliparéis!

Y para muestra un botón. Éstas son algunas de las localizaciones de la casa en las que ha ido apareciendo el libro desde que llegó a nuestro hogar.

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Respecto al interior…ya me gustaría ya poder contar lo que se cuece entre sus página, pero las confesiones son personales e intransferibles y quedan para el recuerdo de quien las escribe. Digo para el recuerdo del modo más literal porque este libro está pensando para perderse en una estantería, en una caja o en un baúl y volverse a encontrar al cabo de 10, 20, 30 o 40 años. ¿Recuerdas donde querías viajar, cómo ibas a titular el primer libro que escribirías, qué te alegraba el día o lo  importantes que llegarían a ser tus amigos? El libro es una auténtica cápsula del tiempo con torpedos cargados de verdad que se dispararán al mismo centro de vuestro corazón maduro.

Y hablando de corazones, recordad que Rebeca es también la autora de Tu Corazón en un cofre, la primera de sus criaturas ilustradas que ya se han hecho hueco en las estanterías de  todas las librerías que se precian de serlo. Siguió Fuego (ilustrado también por Mercé López) y el desternillante Pasa Página: cuaderno de actividades para olvidar a tu ex: libro remendón donde los haya y que abandera el espíritu punki como el mejor jarabe anti-ex!

Sus libros se han traducido y vendido en una decena de países y a éste le auguramos también una larga y viajera vida. Son casi 200 páginas en las que instalarse con calma: pensar, escribir, dibujar, arrancar, guardar e incluso pegar alguna que otra tirita. Y sí, a mí también me hubiese gustado pillarlo con 12 y acabar de encontrármelo ahora en esa caja de mudanza que nunca se deshizo.