La resbaladiza roca puede ocasionar algún susto y bastantes carcajadas

Si hay una época ideal para visitar Sa Pedrera (más conocida como Atlantis, sobre todo entre los turistas) es la primavera y más esta semana en la que los y las peques no tienen cole y están deseando realizar actividades diferentes. Se va notando más afluencia de gente y el bullicio y Sa Pedrera, como cualquier otro enclave de la isla, ya se resiente y pasar un día allí pronto se va a convertir en una ‘romería’ para centenares de personas, así que es el momento perfecto para adelantarse a la ‘horda’ y disfrutar de este espacio.

El goteo de personas, desde luego, es notable durante todo el año -siempre que el tiempo acompaña- pero ahora no encontraréis grandes aglomeraciones, por lo que os proponemos pasar una mañana o el día completo en Sa Pedrera, disfrutando del sol, el mar y el misticismo que emana esta zona del municipio de Sant Josep.

La bajada a ‘Atlantis’ ofrece unas curiosas vistas de la zona

No deja de sorprender que personas que llevan más de una década en la isla todavía no hayan descubierto este rincón y me consta que es así porque, pese al esfuerzo que supone, cada año repetimos la excursión en tres o cuatro ocasiones para quienes ‘se están iniciando’, aunque lleven años residiendo en Ibiza, como ha sido el caso de nuestros acompañantes en este precioso día de abril.

Antes de nada sabed que la zona de Sa Pedrera es un poco inaccesible por lo que nada de pensar en ir con carritos o con niños y niñas demasiado pequeños. Seis u ocho años puede ser una buena edad dependiendo de si les gusta el campo, la aventura y no son demasiado ‘torpes’. También del tiempo del que dispongáis, porque es una excursión que os llevará, como mínimo, dos o tres horas entre el trayecto y la propia jornada en la naturaleza, así que si durante la semana no tenéis demasiado tiempo, será mejor planificarlo para el sábado o el domingo.

Decenas de personas acuden cada día de excursión a la zona

Lo primero, para quienes no tengan claro como llegar a Sa Pedrera, se debe tomar la carretera en dirección a Cala d’Hort. Al aproximarse a la cala, un camino a la izquierda nos permitirá acceder a la zona y a partir de ahí, dependiendo de la afluencia de gente, podréis aparcar más o menos cerca y continuar la ruta a pie. Es importante que lleguéis a este paso con abundante agua para beber y también algo de comer, además de bañador, toalla y lo que necesitéis para pasar el día.

Una vez dejado el coche, la dirección a seguir es similar a la de la Torre des Savinar (conocida popularmente como La Torre del Pirata), pero en lugar de girar a la derecha para ‘subir la montaña’, continuamos hacia la izquierda hacia lo que parece ser un precipicio’. A medida que os vayais acercando y dejando la torre y la montaña a vuestra derecha comenzaréis a ver el trasiego de gente que marca el resto del camino.

La espiral de piedra nos espera justo antes de iniciar la caminata

El punto de referencia para iniciar la bajada a Sa Pedrera propiamente dicha es una espiral hecha con piedras de cuyo mantenimiento se ocupa un hippie que nos cuenta que vive en una cueva de la zona y que se trata de “dos espirales femeninas que vio en una visión y que él mismo ha construido”.

Nos aventuramos en el descenso siguiendo el camino ‘requetepisado’ que serpentea, ya cuesta abajo, hacia la derecha para pegarse a una roca en la que siempre hay gente escalando. Este es el camino ‘más fácil’, el que nosotros recomendamos. Se sigue pegados a la roca hasta que no queda otro remedio que volver a girar hacia la izquierda.

Las vistas de la zona es una de las fotografías más tomadas en la isla

Si vais por el sitio apropiado iréis viendo que el suelo es cada vez más arenoso y que esa arena se va volviendo cada vez más fina hasta convertirse en una enorme duna de arena blanca y fina que marca el resto del camino de bajada (no es tan agradable a la hora de subir, cuando das un paso hacia adelante y retrocedes tres, pero con eso ya se lidiará a la vuelta).

Durante el trayecto hay varios puntos clave en los que puede ser interesante hacer una parada. Entre ellos una gran roca en la que está pintada la figura de un dios hindú y hay un pequeño altar en la roca en el que la gente deja todo tipo de ofrendas, desde monedas hasta cigarrillos, pasando por caramelos, pulseras, coleteros o cualquier otro objeto personal.

Algunas rocas parecen estar estratégicamente colocadas desafiando a la gravedad

La siguiente parada, un poco más abajo, es otra gran piedra que tiene la forma de ‘El Rey León’, la reconoceréis en cuanto la veáis. Unos metros a la izquierda y tras cruzar una roca que parece cortada para crear estrechos pasillos, se puede pasar a otra gran superficie de piedra plana en la que encontraréis grupos de rocas que realizan símbolos de la paz, ‘mojones’ de piedras y otras estructuras, algunas de ellas observables incluso en las fotografías de Google Earth.

A partir de ahí y dependiendo de la destreza y la forma física de cada uno se puede seguir descendiendo por las rocas para acercarse a la piscina natural, que constituye uno de los grandes atractivos de Sa Pedrera y en la que podréis daros un baño para refrescaros. Eso sí, precaución porque la piedra está cubierta de líquenes y resbala muchísimo.

La piscina natural es uno de los principales atractivos

Desde este punto y de acuerdo al espíritu explorador de cada familia y la edad de los peques marcará hasta dónde podéis llegar, pero los caminos y rocas que explorar son eternos, fruto de la antigua utilización de la zona como cantera de la que se extraía piedra, lo que da a todo el área de Sa Pedrera su particular apariencia.

Si tenéis tiempo, nuestra recomendación es comer algo abajo y descansar, disfrutar de la zona, explorar y pasar unas cuantas horas, ya que siempre se encuentra algún ‘rinconcito’ agradable en el que desplegar la toalla y pasar un rato al sol. Una vez que hayáis repuesto fuerzas llega el momento de encarar la subida y aquí viene la parte que os hará dormir como bebés a todos y levantaros al día siguiente con alguna que otra secuela física en forma de agujetas. Suerte, cada uno a su ritmo y sin prisa se acaba llegando a la cima.

La bajada requiere unos 15 minutos pero la subida se puede alargar