Quien tiene un hermano tiene un tesoro. Porque poca veces conocemos tanto a otra persona, reconoces sus pasos en la distancia, le has perdonado mil veces y te ha perdonado otras tantas. Le has hecho de amigo, de madre, de padre y de primo. Sobre todo de “primo”, le has aguantado mil broma y  te permites otras inimaginables con otra persona. Ese montón de amor se forja a golpe de risa, de puñetazo limpio y de enorme abrazo día tras día y año tras año.

A veces alguien detrás de una cámara capta la esencia de ese lazo invisible. Seguro que tenéis alguna foto así. En casa de mi madre había una….estamos en el balcón de una casa que ya no existe y sostengo a mi hermana en brazos. Yo tengo doce y ella uno. Ninguna miramos a cámara, ni sonreímos especialmente. La imagen congela un tiempo que funde pasado y futuro y  donde dos hermanas de jersey verde y vestidito rosa, abrazadas en el balcón, se miran con la complicidad que habrá de durar toda una vida.

No tengo la foto que mora en algún álbum perdido hace años, pero hoy he pensado en ella…. 

Sí he encontrado, en cambio, otras muchas fotografías, de hermanos  para mí anónimos y desconocidos, pero cuyas fotos recuperan esa traílla hecha de entraña y ley no escrita.

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Fotos vía Pinterest