Se despide la edición número 19 de la Eivissa Medieval que, como cada año, ha sido un espectáculo para todos los sentidos que ha trasladado a la ciudad a la Edad Media con multitud de actividades, animación callejera, comida, bebida y toda clase de artículos para llevarse algo a casa o hacer un regalo.

Los peques han experimentado la adrenalina cruzando esta gymkana

Como ocurre cada año, hemos encontrado entretenimiento para todos los gustos, mucho colorido y unos días perfectos para hacer algo diferente con el tiempo como aliado. Los peques de la casa son los que más han disfrutado con las atracciones tradicionales hechas de madera que funcionan mecánicamente, sin más tecnología que la fuerza del encargado de hacerlos girar o balancearse.

La noria de madera, el ‘barco pirata’, el carrusel o la prueba en la que había que atravesar toda una gymckana con un campo de hachas. También han triunfado las burras en las que decenas de niños han paseado durante estos días y la manada de ocas que ha recorrido las calles.

La noria de madera, una de las atracciones más demandadas

Un variado menú que se ha completado con talleres, justas medievales, actividades, escudos y espadas de madera. Unos días en los que la imaginación de los peques ha podido hacer su trabajo y les ha devuelto a la mejor parte de una época en la que la vida de los niños y niñas era bien diferente.

Sabor agridulce para los adultos

Lo que también es habitual es el regusto amargo que deja la feria medieval por algunos detalles que todos los que nos acercamos hasta Dalt Vila durante estos cuatro días para celebrar la declaración de Ibiza como Patrimonio de la Humanidad notamos y comentamos año tras año.

Me refiero a cositas como los precios desorbitados en gran parte del mercado medieval, la inevitable aglomeración de personas, carritos, mascotas, etc. en las estrechas calles de la ciudad amurallada o el caos circulatorio que supone para toda la ciudad un evento que mueve a miles de personas en solo cuatro días.

El tiovivo de madera instalado en la Plaza del Parque

Pero lo que a mí personalmente me deja peor sabor de boca es la falta de implicación de la ciudadanía en una fiesta que debería ser de todos y todas y se acaba quedando en un evento comercial, más entretenido y vistoso sí, pero evento comercial al fin y al cabo.

Lo dice una persona que proviene de un lugar donde se celebra una fiesta de este tipo, salvo que allí, todo el mundo se caracteriza para la ocasión, peñas de amigos se organizan para aportar algo a la celebración, las asociaciones de vecinos participan de una u otra manera para completar la oferta de ocio, se organizan concursos, se ceden espacios para ‘casetas’ de asociaciones y entidades que pueden tener algo que ofrecer.

Los personajes que han recorrido las calles también han llamado la atención de todos

En definitiva es una fiesta en la que todos los ciudadanos participan activamente, se implican, se ilusionan y la esperan con ganas porque les hace sentirse orgullosos de formar parte de ella, no solo un evento que alguien ha organizado para que nos demos una vuelta, curioseemos, gastemos -cada uno en la medida de sus posibilidades- y volvamos a casa a volver a quejarnos por las mismas cositas que cada año se repiten en la Eivissa Medieval.