¿En qué momento se pasa de la niñez a la siguiente fase de la vida? ¿cuándo perdemos la ingenuidad?. Es sin duda la pregunta que se hacen muchos padres y madres, tanto los que ven con vértigo cómo sus hijos e hijas se convierten en pequeños hombrecitos o mujercitas, como los que promueven actitudes y delegan responsabilidades que son propias de los adultos y participan activamente de la llamada ‘adultización de la niñez’.

Son muchos los expertos que desde hace años vienen alertando de este proceso que está haciendo que la infancia sea una etapa cada vez más corta y que los niños y niñas asuman roles, comportamientos, temas de conversación o preocupaciones que no son acordes con su edad y que pueden derivar en enfermedades mentales y tener consecuencias en la salud física y mental de una manera precoz.

Los expertos alertan de que la ‘adultización’ tiene consecuencias físicas y mentales

De hecho enfermedades como la diabetes tipo 2, el estrés, los trastornos de personalidad, depresivos o de déficit de atención, trastornos alimenticios como la bulimia o la anorexia, el colesterol o las alteraciones en la tensión arterial aparecen cada vez a edades más tempranas y son muchos los niños y niñas que se ven ‘enganchados’ a una medicación para tratar dolencias de las que no deberían preocuparse hasta una década después.

El porqué de la ‘adultización’

La historia y el contexto han venido marcando el periodo considerado como niñez. La Edad Media y la Ilustración trajeron consigo una redefinición de la niñez vinculada a la necesidad de que los niños aprendieran a leer y a escribir y a partir de los 6 años aproximadamente ya se les consideraba como adultos.

La revolución industrial provocó un cambio de concepto hacia una niñez más extensa por la necesidad de obtener mayores conocimientos antes de incorporarse al mercado laboral, pero también un cambio de mentalidad hacia una niñez encaminada a ‘fabricar’ obreros preparados y con una idea clara en la cabeza de que el futuro se labra a través del trabajo duro, con lo que el rol del ‘niño trabajador’ comenzó a hacer acto de presencia.

La guinda final la ha traído la revolución tecnológica de los últimos años, con Internet como máximo exponente de modernidad y de transmisión de toda clase de conocimientos, pero también valores, comportamientos, actitudes, roles y personalidades a través de vídeos, fotografías, noticias, anuncios, música, dibujos animados… las posibilidades al alcance de la mano son infinitas, pero también para las manos de los más pequeños, que antes incluso de articular palabra ya manejan tablets, teléfonos móviles, ordenadores portátiles y toda clase de dispositivos que les conectan a este mundo virtual desde bien pequeños.

La industrialización y la revolución digital han provocado grandes cambios en la niñez

Estar expuestos a toda esa información les hace asumir roles que no son acordes con su edad, preocuparse por cuestiones sobre las que ni siquiera tendrían porqué estar informados y desarrollar pensamientos que sobrepasan la madurez que se espera de un niño. El consumo de toda esta información debería ser siempre supervisado y generar un debate sobre cada uno de los temas para acompañar esos estímulos de una interpretación acorde a su edad, que les permita entender los puntos a favor y en contra de una información bien filtrada y seleccionada.

La falta de espacios para el juego libre

No toda la culpa la tiene el mundo digital, con sus virtudes y sus defectos, toda la sociedad se ha venido construyendo en torno a un individualismo exacerbado y cada vez son menos los espacios en los que los niños y niñas pueden convivir con sus iguales, sin la interactuación de adultos, donde puedan simplemente ‘ser niños’.

Los horarios, el trabajo de padres y madres y la utópica conciliación de la vida laboral y familiar no ponen fácil salir al parque, realizar una excursión con otros niños, pasar la tarde en casa de un amigo. Además los juegos digitales no fomentan la colaboración, el juego en equipo, la creatividad, la imaginación, etc.

Otro factor tiene que ver con el ‘saber estar’. Los niños y niñas ‘bien educados’ no hacen ruido, no juegan en según qué sitios, se sientan bien en la mesa… Ahí viene la frase “¿eres un niño o eres mayor?”. No hay cabida para todas esas cosas de niños en el siglo XXI. En definitiva, al cole se va a aprender; cuando papá y mamá consiguen que podamos salir, hay que portarse como un mayor; a la hora de jugar, estaremos en el sofá de casa con algún dispositivo digital viendo un mundo de mayores; quitamos el tiempo de las comidas, dormir y deberes para casa y ¿queda tiempo para actuar como niños?.

Cada vez hay menos tiempo y menos espacios para que los niños y niñas interactúen

Dejarles ser niños

A todos los adultos nos gusta recordar cuando éramos niños y todas esas cosas que se nos permitía hacer por el simple hecho de serlo. Si quieres que tu hijo o hija conserve recuerdos de este tipo, es el momento de ayudarle a ser niño. Busca actividades grupales, apúntalo a actividades de ocio con otros niños y niñas de su edad.

No se trata de ocultarles cosas como la violencia, la brutalidad, la sexualidad… pero hay que permitirles madurar en su entorno y a su ritmo y poder poner en común ideas con otras personas de su edad, debatir, participar en ambientes reflexivos y aprovechar las dudas que les generen esos encuentros con otros niños y niñas para hablar con ellos sobre valores y ayudarles en su proceso de socialización.

Es conveniente establecer horarios y tiempos en el consumo de dispositivos electrónicos, videojuegos u otras modalidades de entretenimiento que no fomenten la interacción con otros niños y niñas de su edad. Las propuestas pueden ir hacia juegos de cooperación, juego libre, entretenimientos tradicionales, prácticas deportivas en familia, visita a bibliotecas y ludotecas, a museos, zoológicos o parques o apuntarse a un club de lectura.