Aunque vivimos en Santa Gertrudis, trabajamos en Vila. Eso quiere decir que tras dejar a los niños en el cole salimos disparados hacía la “urbe” y no volvemos hasta el mediodía, comemos rápido, y vuelta al trabajo, actividades varias, stress… os suena?

Bien, pues esta mañana tras dejar a los niños me he dado cuenta de que me había dejado las llaves dentro de casa!!! Horror!! pero si tenía que hacer esto y aquello y lo de más allá y yo aquí sin llaves y con estosss pelos!!! Tras varias llamadas de socorro, Tita, mi amiga, compañera y socia en la vida en general y en esto del Ibiza Family en particular, se ha organizado para venir a mí rescate, previa localización de unas llaves en el lejano bolsillo de Germán. Ya más tranquila, me he sentado en la plaza a tomar un café.

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Ha sido entonces cuando me he dado cuenta de que hacía un día soleado y, de que a las 9.30 de la mañana, la temperatura debía rozar unos perfectos 20 grados. En las terrazas de los bares de la plaza solo un par de mesas ocupadas. He pedido café y el periódico. Me han traído un cortadito con la leche natural y los dos diarios de la isla. Estaba terminando el primero, cuando por el rabillo del ojo he visto llegar una furgoneta blanca. Al poco, el sonido de una caracola ha ido invadiendo el pueblo, primero la plaza y luego, las calles aledañas.

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La sonaba Joan (nombre ficticio), quien como cada semana advertía así al pueblo (situado en el centro justo de la isla) de que el pescado fresco había llegado. Joan me ha contado que él era pescador y que hace muchos, muchos años tuvo un accidente mientras faenaba. Desde entonces los compañeros cuando vuelven de pescar reservan un poco de pescado para Joan, quien con su furgoneta blanca lo vende en Sant Miquel y en Santa Gertrudris.

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A su llamada, han acudido varios vecinos. Hoy, Joan traía gerret (caramel, en castellano) y yo le he comprado cuatro euros, mientras una señora/vecina me ha explicado que ella a su familia se lo hace frito que es como más les gusta, pero que en escabeche también está para chuparse los dedos. Joan ha añadido que el gerret está bueno como quieras hacerlo… y mientras hablaba, un precioso gato marrón ha venido a oler el pescado… un niño nos ha advertido, pero Joan ha simpatizado con el minimo y le ha prometido “condumio” al acabar las ventas… En esas ha llegado Tita a quien, por cierto, no le hubiese importado nada unirse a la tertulia, pero nos hemos ido porque teníamos tantas cosas por hacer, tanto de esto, de lo otro y de lo más alla… Pero nos hemos ido pensando en Joan y en el profundo ritmo pausado de su caracola que cada semana suena, por las mañana, en la plaza de Santa Gertrudis. Mientras nos alejábamos sentíamos que igual esto y lo otro y lo demás allá resulta que no es tan importante…

Mañana cocinaremos el gerret escambetxat que es como se come, precisamente, en estas fechas. Lo haremos en escabeche porque necesita su tiempo para macerar y estar en su punto y hemos decidido que mañana también podemos regalarnos este pequeño espacio, sin tener que dejarnos las llaves encerradas en casa.

Así que gracias a Joan (nombre ficticio) por venir cada semana a vender pescado a Santa Gertrudis, por haber venido ayer y por volver la semana que viene.